"...En la soledad del Sol. En mis zapatos, mis huesos asoleados.
Creo en el que solamente
ha nacido. En el gato triste, en el piojo ciego.
En estas dudas, estos
días, estas horas, esta noche, este sábado, este rato..."
de: "Credo" Pablo Mora,
alguna vez desde Venezuela.
¿Parte o llega?
Instante del placer, el
mágico instante, nanosegundo que impulsa a, que trae de; que te
enamora, te pega, te come, te fuma...
Asesino de la magia el mago
matador respira hondo y hondo cae en la razón de, he regresado,
salteado, soportado, quebrado ha sido el gajo del deseo; el cuerpo
que quería y el miedo, digo, la razón que impone la supervivencia
del, quedate un rato más aunque los mases, sean un soplo de veinte
años, un rato más, tan parecido al menos rato, doble chinchón de
menos dieces. Naipe marcado sin ser trampa.
Boleto ha ser pagado, subir por
el estribo, ya no hay fuerzas para un salto que imite a un tigre
cayendo sobre la montura de una amazona, ni habrá amazona alguna
escudriñando el paisaje dónde nunca fuiste potro, no llegaste, se
te olvidó tal vez en los talveces del tiempo o fuiste sólo un
jinete fantasma en cuerpo y nube; larga trampa que dura como la
bocanada que hace algunas líneas quiso taladrar el hipotálamo, y
fue, como todo lo bueno de allá atrás, un recuerdo entrañable como
el amigo que váyase a saber si aún camina, si aún bebe la miel y
de a ratos los limones, o si obsequió sus huesos pa´luz mala en
algún recodo de una ruta, o caminito de las cabras; sendero que a
lo mejor, no lo quiso tanto, enceguecido quizás, de sueños,
pesadillas, cuerdas rotas, serenatas. Pisó a Dios, que en ese
instante corría el instante de su mano en todo lado. Y voló
como aquel pájaro albañil entorpeciendo un sábado.
Tal vez leía en la
gramilla, cierta carta que le decía una por una las cosas por los
que andaba caminando. Morir por distraído, mala pata, el alma se
tropieza tantas veces. Tal vez pensó, que una más, no rezongaba.
Alma chambona, no te nacieron radares ni naciste gato.
Instante en que pinté de azules
y no vi reflejarse, ni tu nombre, ni tu olvido, ni por primera vez
tu siempre porfiado no-testigo a éste que era tuyo, y ni lo
sabes, y de a poquito, como una lluvia mansa sobre el río que deja
ver en sus orillas algún sauce, va muriendo sin tus ojos, mejor
dicho, tu mirada, y, se despintan uno a uno los versos tan
estrella, gigantescos, grito loco hacia tu nada, que no es poco,
digo, que decía en este octubre de la duda, entre iniciar el
vuelo, o arribando a la tierra tan de lunas: empollar un huevo de
paloma, otro de gavilán y hasta un tercero, innombrable justo
medio de esperanza.
Vos dirás, que en el final,
al final pinté azulando, que inevitable haya sido repintarla,
reincidente y exclamarás que marche preso.
Y te reís a loca carcajada como
un loco que mi loco le hace espejo y eso, es de buen amigo,
compañero, camarada. Es tu victoria, siempre, pero has de pagar la
risa en testimonio. Alguna vez al álbum de Ilecara lo pondrás vos
en un sobre y lo zambullirás en el último buzón de la esquina que
si no la hubiere, la inventarás doblando un tango.
Ya se, no te gusta el trabajo
obrero, ya se, preferirías al zángano que tiene un destino
de reina, pero, sos el único que tiene guantes y sombreros con
rejillas pa´ colmenas. Para locos que andan sueltos. Y las manos
para ayudarme con tanta pesada luna, la propia y la de mi puro
comedido y si te quedaren fuerzas, la arena es un puñadito,
pero hay montañas de arena.
Ya ves, es como el vino tinto si
al mismo vaso un poquito de blanco agregas. Un rosado
tramposo, pero al fin colores, bebe y luego...
aterriza o vuela.
Ergasto-10-12
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- Arte s/imágenes web d/a