
Su cuento "El uniforme del general", le supuso problemas con la dictadura franquista y en consecuencia fue sometido a Consejo de Guerra en 1972 acusado de alusiones ofensivas al ejército.
La muerte de su único hijo le afectó en gran medida.
Es de notar su influjo en la poesía de autores como Antonio Gamoneda, Andrés Sánchez Robayna o Ada Salas.
Que los americanos lanzaran la bomba atómica y que los alemanes asesinaran judíos. ¿Sabe qué pienso?
¿Qué?
Es usted radical.
¿Su primer sentimiento ideológico?
Cuando tenía siete años, mi padre, que era de derechas, me llevó a un monasterio donde tenían encerrados a unos que llamaban "rojos". Yo pensaba que me encontraría con unos señores de color rojo y me topé con gente desahuciada que me miró intensamente. Algo muy importante se intercambió en esas miradas: desde entonces yo soy rojo.
¿Y cómo le ha ido?
Nadie, ni siquiera la palabra. Porque como dice Novalis no es escritor el que cree dominar el lenguaje, sino el que deja que el lenguaje hable en él.
Una experiencia espiritual.
Me ha llevado a lugares insospechados. He vivido esperando que se descubra la revelación y la espera merece la pena.
La primera ocurrió con mi primer poema: "Cruzo un desierto y su secreta desolación". Después escribí para entenderlo.
Que la poesía es la experiencia reconstruida por la memoria. La experiencia es importante, pero lo es más su reconstrucción.
Pues reconstrúyase, señor Valente.
Aquiles se educó entre mujeres, y eso es muy importante. A mi madre la recuerdo siempre embarazada. Los hijos se los iba pasando a su hermana, mi tía Lucía Valente, para la que siempre he escrito poemas.
Mucho, porque en aquella época se educaba al niño sobre el principio de que debía ser distinto a la mujer, haciéndole perder los valores femeninos que me parecen esenciales. Yo dormí con mi tía hasta los 14 años. Pero hay una cosa más que me define.
Usted dirá.
El primero me hizo sentir la gravitación del otro. Con el primer matrimonio cumplí mi función reproductora. Con el segundo establecí una relación amorosa profunda: hemos vivido y vivimos para el amor.
Todo un logro.
... Pero hemos dividido el sexo del amor.
Tuve un solo hijo varón, y este hijo mío empezó muy pronto con la droga, a los 16 años, y a los 33 murió. Me identifiqué mucho con él, éramos la misma persona.
Sí. En esos momentos, ¿qué podemos ofrecerles a esos jovenes? Los valores comunitarios habían sido rotos. Creo que es el gran fracaso de mi generación. No pudimos sostener nuestros ideales en nuestra propia vida ni en la vida de nuestros hijos.
¿Hay algo que no contenga poesía?
¿Algún pudor que no haya superado?
¿Y si allí nos espera la tristeza?
Sí. Como decía Keats, el poeta tiene que aniquilar su identidad para dejar que el universo pase a través de él. Yerra el poeta que habla de su experiencia personal. ¡Que se lo vaya a contar a su abuela!
EL CRIMEN
Hoy he amanecido
como siempre, pero
con un cuchillo
en el pecho. Ignoro
quién ha sido,
y también los posibles
móviles del delito.
Estoy aquí
tendido
y pesa vertical
el frío.
La noticia se divulga
con relativo sigilo.
El doctor estuvo brillante, pero
el interrogatorio ha sido
confuso. El hecho
carece de testigos.
(Llamada de portera,
dijo
que el muerto no tenía
antecedentes políticos.
Es una obsesión que la persigue
desde la muerte del marido.)
Por mi parte no tengo
nada que declarar.
Se busca al asesino;
sin embargo,
tal vez no hay asesino,
aunque se enrede así el final de la trama.
Sencillamente yazgo
aquí, con un cuchillo...
Oscila, pendular y
solemne, el frío.
No hay pruebas contra nadie. Nadie
ha consumado mi homicidio.
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