TODA LA HISTORIA
DEL POETA ESPAÑOL, EN UNA EXPOSICION EN EL MUSEO REINA SOFIA DE
MADRID. Rafael Alberti: muestran
vida, obra y exilio en la Argentina
El escritor
escapó del franquismo y vivió en la Argentina entre los años 1940 y 1963.
En la muestra son centrales las fotos, pinturas y textos de sus años en
nuestro país.
Juan Carlos Algañaraz jcalganaraz@clarin.com El poeta Rafael
Alberti, su mujer, María Teresa León y su hija Aitana, que nació en Buenos
Aires, se pasean por fotos, textos, pinturas, libros, manuscritos, música
y amigos fascinantes. Argentina y los años de exilio —entre 1940 y 1963—
son una presencia muy especial en la gran exposición Entre el clavel y
la espada, Rafael Alberti en su siglo que acaba de inaugurarse en
Madrid, en el Museo Reina Sofía, y se prolongará hasta el 24 de noviembre,
cuando se trasladará a la ciudad de Sevilla.
El espíritu y la
personalidad de Alberti lo llevaron a expresarse en poesía, pintura,
música, teatro, cine y también en la política, donde mantuvo un compromiso
con la izquierda que tuvo su momento más dramático durante la
Guerra Civil Española.
Aunque nació el 16 de setiembre de 1902 en
el puerto de Santa María, Cádiz, éste es el año en que se conmemora su
centenario con una amplia variedad de actos, exposiciones,
conciertos, la edición de sus obras completas y un congreso internacional
dedicado a su vida y obra.
La vida de uno de los más grandes
poetas de España atraviesa con su genio creativo todo el siglo, ya
que Rafael murió en 1999, 22 años después de haber retornado a su amada
España, con la democracia y la libertad.
Esa larga marcha por una
vida de una riqueza asombrosa ha sido acertadamente desplegada por el
Reina Sofía en más de 900 objetos de toda clase en donde se
registra la obra del poeta andaluz pero también su mundo vital.
Con
la República española en agonía, el poeta y su esposa, una excelente
escritora, se refugian en París donde reencuentran la amistad de Pablo
Neruda, en cuya casa viven. La oleada del nazismo y el fascismo los hace
buscar refugio en Argentina donde eran una legión quienes querían recibir
con todos los honores a la pareja de intelectuales españoles. De sus
más de veinte años en la Argentina y el Uruguay, la muestra en el
Reina Sofía proporciona una amplia relación de objetos y
recuerdos.
El catálogo de la exposición trae numerosos artículos y
testimonios gráficos. En lo que respecta a la Argentina, un ensayo de
Sergio Baur recuerda, por ejemplo, la amistad de Rafael Alberti y María
Teresa León con la actriz Delia Garcés y su esposo, el director Alberto de
Zavalía. De esa amistad surgieron dos películas argentinas La Dama
Duende (1944) y El gran amor de Becquer ambas con guiones de
Rafael y María Teresa.
En Buenos Aires, el recuerdo de su amigo
Federico García Lorca —que estuvo en esa ciudad entre 1933 y 1934— está
presente en el cariño con que se recibe a Alberti y a María Teresa León.
La lista de sus afectos y relaciones es vasta y brillante: Victoria Ocampo
y la revista Sur, Rodolfo Aráoz Alfaro, Raúl González Tuñón, el
editor Gonzalo Losada, Margarita Xirgu, el compositor Juan Carlos
Guastavino, el admirado Juan L. Ortiz, Oliverio Girondo y Norah Lange. Y
los pintores, Lino Spilimbergo, Raúl Soldi y Juan Carlos Castagnino. La
lista se enriquece con los años.
En Argentina, Alberti visita a
Manuel de Falla y recibe a Juan Ramón Jiménez. Uruguay es su otro amor. En
La Gallarda, su casa en Punta del Este, recibirá a grandes nombres
de la cultura uruguaya y argentina.
Es un momento muy especial de
la creación de Rafael Alberti: en este exilio escribe Entre el clavel y
la espada, que da nombre a la exposición, Pleamar, Retornos
de lo vivo lejano, Baladas y canciones del Paraná, Sonríe
china, A la pintura y Buenos Aires en tinta china, entre
otros.
La exposición del Reina Sofía se divide en ocho apartados
que acompañan la trayectoria personal y artística de Rafael Alberti:
Infancia (1902), Madrid (1917-1925), Rafael y sus amigos
de la generación del 27 (1925-1929), El poeta en la calle
(1930-1935), Guerra Civil (1936-1936), Exilio en Argentina y
Uruguay (1940-1963), Exilio en Italia (1963-1977) y Regreso
a España (1977-1999).
La vasta muestra también registra la
fraternidad de Rafael con el cine a través de dos documentales: Yo era
un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos y Alberti para
caminantes, que incluye testimonios de su etapa argentina.
Una
sala especial recuerda el estrecho vínculo de Rafael con los pintores. Y
en recitales que se presentan en varias ciudades, su hija Aitana revive
ahora "Invitación a un viaje sonoro", la suite creada por Alberti con el
músico, también exiliado en Argentina, Paco Aguilar. Cien años después, es
tiempo de Rafael Alberti.
NOCTURNO
Cuando tanto se sufre sin
sueño y por la sangre se escucha que transita solamente la rabia,
que en los tuétanos tiembla despabilado el odio y en las médulas
arde continua la venganza, las palabras entonces no sirven: son
palabras.
Balas. Balas.
Manifiestos, artículos,
comentarios, discursos, humaredas perdidas, neblinas estampadas.
¡qué dolor de papeles que ha de barrer el viento, qué tristeza de
tinta que ha de borrar el agua!
Balas. Balas.
Ahora sufro lo pobre, lo
mezquino, lo triste, lo desgraciado y muerto que tiene una garganta
cuando desde el abismo de su idioma quisiera gritar lo que no
puede por imposible, y calla.
Balas. Balas.
Siento esta noche heridas de
muerte las palabras.
Rafael Alberti
EL ALBA
DENOMINADORA
A embestidas suaves y
rosas, la madrugada te iba poniendo nombres: Sueño equivocado, Ángel
sin salida, Mentira de lluvia en bosque. Al lindero de mi alma, que
recuerda los ríos, indecisa, dudó, inmóvil: ¿Vertida estrella,
Confusa luz en llanto, Cristal sin voces? No. Error de nieve en
agua, tu nombre.
Rafael Alberti
Retornos del otoño
Nos dicen: Sed alegres. Que no
escuchen los hombres rodar en vuestros cantos ni el más leve ruido de
una lágrima. Está bien. Yo quisiera, diariamente lo quiero, mas hay
horas, hay días, hasta meses y años en que se carga el alma de una
justa tristeza y por tantos motivos que luchan silenciosos rompe a
llorar, abiertas las llaves de los ríos.
Miro el otoño, escucho sus aguas
melancólicas de dobladas umbrías que pronto van a irse. Me miro a
mí, me escucho esta mañana y perdido ese miedo que me atenaza a
veces hasta dejarme mudo, me repito: Confiesa grita valientemente
que quisieras morirte.
Di también: Tienes frío. Di
también: Estás solo, aunque otros te acompañen. ¿Qué sería de ti si al
cabo no volvieras? Tus amigos, tu niña, tu mujer, todos esos que
parecen quererte de verdad, ¿qué dirían?
Sonreíd. Sed alegres. Cantad la vida
nueva. Pero yo sin vivirla, ¡cuántas veces la canto! ¡Cuántas veces
animo ciegamente a los tristes, diciéndoles: Sed fuertes, porque
vuestra es el alba!
Perdonadme que hoy sienta pena y la
diga. No me culpéis. Ha sido la vuelta del otoño.